lunes, 6 de febrero de 2017

Ossip Mandelstam I


1

El golpe sordo y cauteloso
del fruto que del árbol se desgaja
en medio del continuo canturreo
del bosque en su profunda calma.
                                             1908


3

Leer tan sólo libros infantiles
y tener infantiles las ideas.
Todo lo grande dispersarlo lejos,
resurgir de lo hondo de la pena.

Mortalmente cansado de la vida
no espero nada de ella,
pero amo la pobre tierra mía
porque otra nunca viera.

Yo me mecía en un jardín lejano
en un simple columpio de madera
y unos abetos altos, negros
recuerdo en el delirio de la niebla.
                                              1908


7

Me han dado un cuerpo, ¿qué hacer
tan único y tan mío, con él?

Por la alegría de vivir tranquilo
¿a quién, decidme, estar agradecido?

Yo soy el jardinero y soy la flor,
no estoy solo del mundo en la prisión.

En el cristal de lo eterno se ha posado
mi aliento cálido,

e imprime en él un diseño
irreconocible al poco tiempo.

Deja fluir el cieno del instante
y que el suave dibujo no lo manche.
                                                 1909


11

Panal de nieve más cansado
y más traslúcido que el vidrio
de la ventana, un velo de turquesa
dejado en una silla con descuido.

El tejido, embriagado de sí mismo,
en la caricia de la luz gozando,
siente el estío como si el invierno
no pudiera tocarlo.

Y si en los gélidos diamantes
la helada de lo eterno fluye,
aquí está el temblor de las libélulas
efímeras, ojiazules.
                                   1910


13

Tiende la vela un rumor fino,
despeja la vista dilatada
y un mudo coro de nocturnas aves
por el silencio sobrenada.

Yo soy tan pobre como el campo,
y como el cielo de sencillo,
e ilusoria es mi libertad
cual voces de nocturnos pajarillos.

Veo una luna jadeante
y un cielo más muerto que un lienzo;
tu paz morbosa y rara
oh, nada, yo la acepto.
                           1910


16

Límpido, oscuro en el enorme abismo
una ventana lánguida de blanco
y el corazón, ¿por qué pesa cada vez
más lento y obstinado?

Igual va al fondo con todo su peso
nostálgico del amoroso fango
o bien, como una paja, evita lo hondo
y sube sin esfuerzo hasta lo alto.

Con ternura fingida ponte la cabecera
y canta día y noche una canción de cuna,
como en un cuento, languidece triste
y con altivo hastía da ternura.
                                       1910


20

Hoy es mal día, duermen
a coro las cigarras, y es la sombra
de los acantilados lúgubres más tétrica
que sepulcrales losas.

Un zumbido de flechas centelleantes
y un graznido de cuervos agoreros...
Yo veo un sueño malo,
los minutos pasan al vuelo.

Delimita el perfil de cada caso,
destruye la jaula de tierra
y haz que suene un himno de rabia,
un bronce de secreta turbulencia.

Oh, péndulo inflexible de las almas,
oscila sordo, en línea recta,
y con pasión llama el destino
a una puerta vedada, que es la nuestra.
                                                     1911


27

Yo detesto la luz
de las estrellas uniformes,
¡Hola, qué tal, mi fantasía de antaño,
estatura almenada de la torre!
Hazte de encaje, oh piedra,
y conviértete en telaraña:
¡el hueco pecho del cielo
con una fina aguja rasga!

Ya llegará mi turno,
un batir de alas siento,
¿Pero hacia dónde va la flecha
del vivo pensamiento?

O bien, apurando mi senda
y mi meta, regreso:
allá, no pude amar,
aquí, amar me da miedo.
                                1912



Ossip Mandelstam, La Piedra en Poesía, Madrid-México, Vaso Roto Ediciones, 2010
Traducción de Aquilino Duque

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