sábado, 18 de noviembre de 2017

Triza, de Valeria Pariso


9


Tardes donde un gesto levísimo 
podría demoler un jardín.
Me ha sido impuesto comprender
lo que se deja,
lo que cae.

Nadie nos salvará del viento, del olvido.
Nadie.

Ni siquiera esta ofrenda ante los ojos:
una amapola recién nacida,
nuestra para siempre,
roja y agonizante,
bajo la piedra feroz
de la ternura.




26 


De todas las formas del despojo
nos fue dada la afasia.
En una lucha brutal
poníamos el cuerpo
y cada tanto
una palabra nos vencía.
Una vez al amor, le dijimos amor.
A la presencia, presencia.
Todo el silencio del mundo
no pudo con eso. 




36


Ahora,
el olvido ordenará las cosas.

Todas las cosas que quedaron.

Y el gran amor,
el terrible, insoportable amor,
quedará quieto
hasta volverse piedra,
triza, polvo, nada,
un dato.




Pariso, Valeria, Triza, Capilla del Monte, Editorial detodoslosmares, 2017.


jueves, 2 de noviembre de 2017

Raúl Gustavo Aguirre, primera entrega


7

porque has mirado el sur y los espejos
el temor de la siembra
cada peldaño de los dedos
y el retrato de un héroe de amatista
porque has visto los números
el desamparo de sus bocas
la historia que confiesa
su intimidad la herrumbre
donde cada pupila es el fondo de un eco

porque has celebrado
un ritual de vitrales diferentes
y has amado los viejos desafíos
la savia que termina
por volar en un pájaro

cómplice solitario
de una unión memorable 
el provenir te tiende
los brazos de sus náufragos

porque has venido a verte
en tu rostro de arena y tu ascendencia 
a ensayar una voz en el aire ocupado
a imponer la esperanza







V

para quienes no saben 
que los años del mar están despiertos
para quienes no saben
que van por una calle despiadada
caminando por sobre la sed de los milencios
para quienes no saben
que su columna vertebral es de música
que sus ojos comprueban la amarga ensambladura
de la distancia y fuerzan
la decisión del aire
la curva de la llave que ha caído en el cielo

para quienes no saben
qué vejez ha costado la piel
qué duro sedimento es una rosa
qué inmensurable grito hay desde aquí hasta allá
y cuánta claridad no ha sido hecha
no se hará en este día
y cómo es este cuerpo un viejo cuerpo
que no quiere tocarse que desea
asir el horizonte con una mano nueva

para quienes no saben
camino para ellos la primera palabra
quiero medir su entrega
la raíz desbocada de los viajes
hacer extenso el mundo con su instinto
que yo no he calculado
ni he de cubrir con mi estatura

para quienes no saben
que existen bocas separadas por un beso
que la ley no apresura
que la tierra es el eco de otra tierra
que le árbol es un sexo luminoso
y cada orilla una costumbre
que se comparte y une hasta que rueda el alba
sus caballos en pálidos planetas
hasta el hambre rígida y plural
estremece sus dedos minerales
sobre cada hermosura que ha extenuado sus venas
sobre un cuello de sombra
que calcula y aguarda

para quienes no saben
que un niño de ceniza ha usado la canción
que se guardaba para el día de la boda
y que ha llovido tanto
después de aquel asombro 
y que una maldición de yeso los inscribe
y se miran su cuerpo duplicado

para quienes no saben 
qué azar seguro de su sueño les conduce
la lenta edad herida en los cabellos
las puertas que les cierran en sus sábanas
la vieja edad del fondo
el hundido reverso de su historia
hasta los ángulos que aguardan
en la telegrafía ahogada de la sangre
yo camino yo trazo
un día por las aguas
y lo voy penetrando largamente de sed

yo voy y qué despacio en las espigas
por la violenta calle de mi cuerpo
donde profundos árboles abren en mí sus párpados
y sus silencios se me cruzan
otra vez por la espalda
y sus tierras me suben por la boca
con sus niños helados



Aguirre Raúl Gustavo, Cuerpo del horizonte (1951), en Obra Poética, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2015.

jueves, 15 de junio de 2017

presentación de Planetaria


el pasado 9 de abril presentamos Planetaria 






                                                                  y pasó algo de todo esto...






domingo, 21 de mayo de 2017

Sor Juana Inés de la Cruz


Finjamos que soy feliz,
triste Pensamiento, un rato;
quizá podréis persuadirme,
aunque yo sé lo contrario:
      que pues sólo en la aprehensión
dicen que estriban los daños,
si os imagináis dichoso
no seréis tan desdichado.
       Sírvame el entendimiento
alguna vez de descanso,
y no siempre esté el ingenio
con el provecho encontrado.
       Todo el mundo es opiniones
de pareceres tan varios,
que lo que el uno que es negro,
el otro prueba que es blanco.
       A unos sirve de atractivo
lo que otro concibe enfado;
y lo que éste por alivio,
aquél tiene por trabajo.
      El que está triste censura
al alegre de liviano;
y el que está alegre, se burla
de ver al triste penando.
      Los dos filósofos griegos
bien esta verdad probaron:
pues lo que en el uno risa,
causaba en el otro llanto.
     Célebre su oposición
ha sido por siglos tantos,
sin que cuál acertó, esté
hasta agora averiguado;
      antes, en sus dos banderas
el mundo todo alistado,
conforme el humor le dicta,
sigue cada cual el bando.
      Uno dice que de risa
sólo es digno el mundo vario;
y otro, que sus infortunios
son sólo para llorados.
      Para todo se halla prueba
y razón en que fundarlo;
y no hay razón para tanto.
      Todos son iguales jueces;
y siendo iguales y varios,
no hay quien pueda decidir
cuál es lo más acertado.
      Pues, si no hay quien lo sentencie,
¿por qué pensáis vos, errado,
que os cometió Dios a vos
la decisión de los casos?
     ¿O por qué, contra vos mismo
severamente inhumano,
entre lo amargo y lo dulce
queréis elegir lo amargo?
     Si es mío mi entendimiento,
¿por qué siempre he de encontrarlo
tan torpe para el alivio,
tan agudo para el daño?
     El discurso es un acero
que sirve por ambos cabos:
de dar muerte, por la punta;
por el pomo, de resguardo.
     Si vos, sabiendo el peligro,
queréis por la punta usarlo,
¿qué culpa tiene el acero
del mal uso de la mano?
     No es saber, saber hacer
discursos sutiles vanos;
que el saber consiste sólo 
en elegir lo más sano.
     Especular las desdichas
y examinar los presagios,
sólo sirve de que el mal
crezca con anticiparlo.
     En los trabajos futuros,
la atención, sutilizando,
más formidable que el riesgo
suele fingir el amago.
    ¡Qué feliz es la ignorancia
del que, indoctamente sabio,
halla de lo que padece,
en lo que ignora, sagrado!
     No siempre suben seguros
vuelos del ingenio osados,
que buscan trono en el fuego
y hallan sepulcro en el llanto.
     También es vicio, el saber,
que, si no se va atajando,
cuanto menos se conoce
es más nocivo el estrago;
     y si el vuelo no le abaten,
en sutilezas cebado,
por cuidar de lo curioso
olvida lo necesario.
    Si culta mano no impide
crecer al árbol copado,
quita la substancia al fruto
la locura de los ramos.
    Si andar a nave ligera
no estorba lastre pesado,
sirve el vuelo de que sea
el precipicio más alto.
    En amenidad inútil,
¿qué importa al florido campo,
si no halla fruto el otoño,
que ostente flores el mayo?
    ¿De qué le sirve al ingenio
el producir muchos partos,
si a la multitud se sigue
el malogro de abortarlos?
     Y a esta desdicha, por fuerza
ha de seguirse el fracaso
de quedar, el que produce,
si no muerto, lastimado.
     El ingenio es como el fuego:
que, con la materia ingrato,
tanto la consume más
cuanto él se ostenta más claro.
     Es de su propio señor
tan rebelado vasallo,
que convierte en sus ofensas
las armas de su resguardo.
     Este pésimo ejercicio,
este duro afán pesado,
a los hijos de los hombres
dio Dios para ejercitarlos.
     ¿Qué loca ambición nos lleva
de nosotros olvidados?
Si es para vivir tan poco,
¿de qué sirve saber tanto?
     ¡Oh, si como hay de saber,
hubiera algún seminario
o escuela donde a ignorar
se enseñaran los trabajos!
    ¡Qué felizmente viviera
el que, flojamente cauto,
burlara las amenazas
del influjo de los astros!
    Aprendamos a ignorar,
Pensamiento, pues hallamos
que cuanto añado al discurso,
tanto le usurpo a los años.



Sor Juana Inés de la Cruz, Obras Completas, Lírica personal I, México D.F., Fondo de Cultura Económica, 2009. 

viernes, 10 de marzo de 2017

Dolores Etchecopar


estuve llamando con el nombre equivocado
lo que vino habló y habló en una lengua desconocida
abracé la destemplanza y la fruición de los materiales
de noche al apoyar el oído en la almohada latían
barrios remotos iluminados como pequeños altares
las palabras despeñaban una y otra vez
una admonición que no estaba en mí comprender





el recreo pudo ser feroz
no lo sabías
te quedaste callada y vacilante
como una soga después de que algo salta sobre ella
sucedió que el mundo entró como un cuchillo
y quedó incrustado en la perplejidad
te procuró detalles preciosos
y rápidos en esconderse
de la memoria




una vez
escuché a la niña inca detenida en la montaña
sostuve su pequeña mano en la mía
su mano tocaba la hierba de un reino
y la posé sobre mi pecho

cada cosa anhelada irradia un silencio que protege
me fue concedido sostener una pequeña mano
en las sombras de la montaña
y cantar lo inusitado    lo breve de un cielo
que se espanta con el pensamiento





a mí me aturde estar viva y destruir
giro con el rencor
y la fiereza del magro amor
que me hizo
espaciosa y triste

lo mío es saquear un trino de la muerte





lo que dijo lo dijo de nuevo
está torcida la desembocadura
de corazón que traes

yo tenía en el pecho miles de pasos desconcertados

tarde me vi nacer
y era  de un vocabulario que enviaban los muertos

no estuvo en mí conocer ese amor
que llaman amor y se lo llevan entre dos
yo miro cuando se van con él y no regresan
tan arduo es volver del abandono
en el que un animal se adentra



Dolores Etchecopar, El cielo una sola vez, Buenos Aires, Hilos Editora, 2016





lunes, 6 de febrero de 2017

Ossip Mandelstam I


1

El golpe sordo y cauteloso
del fruto que del árbol se desgaja
en medio del continuo canturreo
del bosque en su profunda calma.
                                             1908


3

Leer tan sólo libros infantiles
y tener infantiles las ideas.
Todo lo grande dispersarlo lejos,
resurgir de lo hondo de la pena.

Mortalmente cansado de la vida
no espero nada de ella,
pero amo la pobre tierra mía
porque otra nunca viera.

Yo me mecía en un jardín lejano
en un simple columpio de madera
y unos abetos altos, negros
recuerdo en el delirio de la niebla.
                                              1908


7

Me han dado un cuerpo, ¿qué hacer
tan único y tan mío, con él?

Por la alegría de vivir tranquilo
¿a quién, decidme, estar agradecido?

Yo soy el jardinero y soy la flor,
no estoy solo del mundo en la prisión.

En el cristal de lo eterno se ha posado
mi aliento cálido,

e imprime en él un diseño
irreconocible al poco tiempo.

Deja fluir el cieno del instante
y que el suave dibujo no lo manche.
                                                 1909


11

Panal de nieve más cansado
y más traslúcido que el vidrio
de la ventana, un velo de turquesa
dejado en una silla con descuido.

El tejido, embriagado de sí mismo,
en la caricia de la luz gozando,
siente el estío como si el invierno
no pudiera tocarlo.

Y si en los gélidos diamantes
la helada de lo eterno fluye,
aquí está el temblor de las libélulas
efímeras, ojiazules.
                                   1910


13

Tiende la vela un rumor fino,
despeja la vista dilatada
y un mudo coro de nocturnas aves
por el silencio sobrenada.

Yo soy tan pobre como el campo,
y como el cielo de sencillo,
e ilusoria es mi libertad
cual voces de nocturnos pajarillos.

Veo una luna jadeante
y un cielo más muerto que un lienzo;
tu paz morbosa y rara
oh, nada, yo la acepto.
                           1910


16

Límpido, oscuro en el enorme abismo
una ventana lánguida de blanco
y el corazón, ¿por qué pesa cada vez
más lento y obstinado?

Igual va al fondo con todo su peso
nostálgico del amoroso fango
o bien, como una paja, evita lo hondo
y sube sin esfuerzo hasta lo alto.

Con ternura fingida ponte la cabecera
y canta día y noche una canción de cuna,
como en un cuento, languidece triste
y con altivo hastía da ternura.
                                       1910


20

Hoy es mal día, duermen
a coro las cigarras, y es la sombra
de los acantilados lúgubres más tétrica
que sepulcrales losas.

Un zumbido de flechas centelleantes
y un graznido de cuervos agoreros...
Yo veo un sueño malo,
los minutos pasan al vuelo.

Delimita el perfil de cada caso,
destruye la jaula de tierra
y haz que suene un himno de rabia,
un bronce de secreta turbulencia.

Oh, péndulo inflexible de las almas,
oscila sordo, en línea recta,
y con pasión llama el destino
a una puerta vedada, que es la nuestra.
                                                     1911


27

Yo detesto la luz
de las estrellas uniformes,
¡Hola, qué tal, mi fantasía de antaño,
estatura almenada de la torre!
Hazte de encaje, oh piedra,
y conviértete en telaraña:
¡el hueco pecho del cielo
con una fina aguja rasga!

Ya llegará mi turno,
un batir de alas siento,
¿Pero hacia dónde va la flecha
del vivo pensamiento?

O bien, apurando mi senda
y mi meta, regreso:
allá, no pude amar,
aquí, amar me da miedo.
                                1912



Ossip Mandelstam, La Piedra en Poesía, Madrid-México, Vaso Roto Ediciones, 2010
Traducción de Aquilino Duque

lunes, 16 de enero de 2017

"Así la vida de nuestra primavera" de Lidia Rocha


Menhires


No habrá ensueño eterno
lazos de la memoria
sino destino en la ceniza.

El fuego a la madera
desata el aliento de los dioses
demorado
en la raíz del bosque

para que el alma siga
el rumbo ascendente
de las piedras





Mulholland Drive *

                            si te labra prisión mi fantasía...
                                             Juana de Asbaje


esa otra de mí
que apenas puedo
          valiente
          intrépida

ese hueco en el cosmos
ese golpe de gracia
para que caigas

no muerta... No
          adormecida
          tenue
          sin peso

una plumita azul
sobre mi mano


*película de David Lynch (2002)





Aquí probamos


                              para Julia Magistratti


las cosas del mundo nos llaman
a quererlas,
nos piden
el grado justo de dedicación
nos hacen sordos

pero ella
        canta

viene     de otras voces
corre

        un río subterráneo
        nos desata
        del eje de la tierra
        del imperio solar del día a día

        nos lleva con la voz
        de un alma a otra

        nos hace huella
        de lenguaje.

Aquí probamos
esa música que viene de las palabras
y se queda en nosotros
y hace
más música





Los que no tenemos hijos


también fuimos invitados a la fiesta

pero no firmamos el libro de visitas
y la despedida fue más leve

Igual

dimos una vuelta entera a la pista de baile

y nuestra memoria    como otras
fue   más o menos efímera




Lidia Rocha, Así la vida de nuestra primavera, Buenos Aires, La Mariposa y La Iguana, 2016.